Benicàssim es una joya escondida entre los tesoros del turismo español. Aunque tiene 20.000 habitantes censados, la localidad puede multiplicar por cinco su población en los meses del verano.
Ubicada en el epicentro del mapa turístico de Castellón, la ciudad no pierde su identidad aunque lleguen visitantes de todo el mundo. A raíz del interés despertado por la Costa Azahar durante los últimos años y el crecimiento del número de alojamientos en Benicassim, surge la pregunta sobre cuántas personas caben en la localidad.
Los motivos que la hacen especial
Para comprender los motivos por los que cada año miles de personas se acercan a Benicàssim, hay que acudir a los libros de historia. Antes de ser un destino de vacaciones, la zona estuvo bajo influencia del Castillo de Montornés, uno de los feudos árabes más importantes del Levante medieval.
Después de ser reconquistadas, las tierras pasaron por manos de distintos nobles hasta que, en el siglo XVIII, la fundación de la iglesia parroquial de Santo Tomás cerró el ciclo. Así nació finalmente el municipio como pueblo.
Aun así, su conversión a destino vacacional todavía no había empezado. Recién en 1887 se construyó la primera villa de verano, un hito que marcó el inicio de la Belle Époque benicense. De ese período quedan hoy las elegantes villas modernistas que recorren el paseo marítimo, especialmente visibles en la llamada Ruta de las Villas, entre el Hotel Voramar y la Torre de San Vicente.
Fiestas para dar y regalar
A la herencia histórica de conquista y reconquista se suma un calendario festivo que mantiene viva la identidad local durante todo el año. Cada festividad es una excusa para los visitantes que tienen ganas de conocer la localidad.
Por ejemplo, en enero están las fiestas patronales. En febrero, la romería. Otras celebraciones, como la noche de San Juan o las fiestas de septiembre, forman parte de una agenda animada, que invita a conocer Benicàssim en meses de estaciones distintas al verano.
Espacio para 100.000 turistas
El dato surge de la página oficial de Turismo de Benicàssim y ayuda a entender el interés que la localidad despierta en los visitantes. La infraestructura instalada alcanza para recibir a más de 100.000 turistas, una cifra que contrasta con su población estable de 20.000 personas.
Décadas de desarrollo orientado al turismo dieron como resultado hoteles, campings, apartamentos turísticos y segundas residencias. Este tejido urbano permite a la localidad absorber grandes flujos de visitantes sin colapsar.
A esto se suma una buena conectividad a través de carretera y ferrocarril, que facilita la llegada tanto de turistas nacionales como internacionales, sobre todo de los países europeos, que llegan con sus coches cargados de maletas y el cuerpo necesitado de sol.
Las mejores playas de arena fina
Con una ubicación céntrica en la Costa Azahar, Benicàssim tiene seis kilómetros de playas de arena fina que se adaptan a distintos perfiles de visitante. Voramar y Almadraba preservan un aire clásico, ligado al veraneo tradicional histórico, mientras que en Torreón y Els Terrers los espacios son más actuales y urbanos, con todos los servicios.
Heliópolis, por otra parte, es una playa larga y abierta, perfecta para las personas que disfrutan de caminatas largas junto al mar o deportes de intensidad media frente a la costa.
El entorno natural, además, complementa al destino con opciones de senderismo en el Desierto de las Palmas y la Sierra de Santa Águeda. En cada mirador es posible desconectar y admirar el paisaje, un contraste con la seguidilla de actividades de la costa. Benicàssim es atractiva para los que buscan sol y playa, pero también ofrece algo a los amantes del deporte al aire libre.
La Torre de San Vicente, el Castillo de Montornés y las villas modernistas se suman a los recorridos vigentes, funcionando como puntos de interés cultural. A estos recorridos se suma la oferta de festivales y recitales de música que cada año tienen lugar en la ciudad o alrededores.
Más del 93% de ocupación en el pasado agosto
Las cifras del verano pasado confirman que este modelo turístico sigue en plena vigencia, sin miras de decrecer en los próximos años. Durante el pasado mes de agosto, Benicàssim registró durante el puente una ocupación media del 93,8%.
Por fuera del número, el indicador refleja una alta demanda sostenida y una capacidad real para absorberla y por eso desde el gobierno local se ha destacado que estos resultados consolidan a Benicàssim como un destino acogedor, accesible y sostenible, donde el visitante no se siente extraño.
La sensación de hospitalidad que la localidad acarrea desde hace años es un factor que sirve para entender por qué muchos turistas repiten año tras año y por qué la población estacional convive con naturalidad con los residentes, sobre todo si se compara con otras localidades de la costa mediterránea, donde crece la hostilidad hacia el turista.
La historia y la infraestructura explican cómo una localidad relativamente pequeña puede convertirse en uno de los grandes polos turísticos del Mediterráneo español, capaz de acoger hasta 100.000 turistas y, aun así, seguir siendo reconocible como Benicàssim.